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lunes, 1 de agosto de 2011

El Juego como Factor de Desarrollo

...y los Profesores que lo Prohiben...


No entiendo a los profesores que usan el recreo de los niños como una forma de castigo... ¿en qué están pensando al privar al niño de la posibilidad de jugar? Imagino que a veces los chicos colman su paciencia y al no saber como controlarlos optan por dejarlos sin recreo como una sanción, pero esta medida es realmente contraproducente, la peor de las sanciones imaginables, un abuso que no tiene nombre y que no debería ocurrir. Aunque ocurre, lamentablemente, con más frecuencia de la que se piensa.

Un ejemplo, que es realmente el colmo de los colmos: Fernando Becker me contó sobre una escuela brasileña de periferia (si no me equivoco, en la ciudad de Pelotas) donde los niños eran tan agresivos en sus juegos que desbordaban por completo la necesidad de control de los profesores, los que no tuvieron mejor idea que prohibir el recreo de una vez por todas y para siempre!

Una lástima que profesores e incluso algunos padres piensen que cuando el niño juega no está haciendo más que perder el tiempo. No saben o no se dan cuenta que el juego es un lugar pleno y fundamental para el desarrollo infantil. Mediante el juego el niño organiza y construye la realidad y, como afirmaba Piaget, de este modo se organiza y se construye a sí mismo. El juego es el lugar por excelencia en el que el niño construye su pensamiento: clasifica las cosas, las ordena en series, las juzga, las valora, las trasforma, comprueba y predice sus causas y sus efectos, coordina puntos de vista y coopera con otros... a veces el juego espontáneo hace mucho más por el pensamiento de los niños que una clase preparada, aunque el profesor piense lo contrario.

Piaget dijo que el juego y la imitación son formas esenciales de construcción de la función simbólica y de organización del mundo. Cuando veo a Paulo jugar, veo en realidad a un pequeño ser humano poniendo en escena todas sus capacidades para dar sentido al mundo: por ejemplo (y solo en lo concerniente a la operación de clasificación), él organiza sus piezas de lego de múltiples maneras: por colores, por tipo de pieza (en una caja las cabezas, en otra los sombreros, etc.), por temática (en un lado los lego star wars, en otro lado los lego de piratas), por valoración (los buenos y los malos, los que tienen cara sonriente y los que tienen cara triste o cara furiosa, los feos y los más bonitos), por tiempo de adquisición (los que se compró primero y los más recientes...) e intersecta clases, pues se da cuenta de que hay piezas que pueden ir en más de un grupo a la vez. Sus sistemas clasificatorios son múltiples y complejos y responden a criterios propios, no se necesita enseñarle teoría de conjuntos ni hacerlo clasificar de manera forzada o arbitraria para que él ponga en marcha estas operaciones. Y esto ocurre en todo tipo de juego de una forma u otra.

Un profesor muy perspicaz se dió cuenta una vez que aquellos niños que no respondían bien a una prueba piagetana de conservación de líquidos rendían muy mal en matemáticas. Pero a partir de esta importante constatación, realizada por él mismo, el profesor no sabía qué hacer: se daba cuenta de que no tenía mayor sentido seguir enseñando matemáticas porque los niños simplemente no la entendían, pero no se le ocurría alguna alternativa que le permitiera dar salida al problema.

Pues bien, la alternativa está en el juego. Hacer a los niños jugar, con agua por ejemplo, con envases de diferentes formas y tamaños, hacerlos predecir cosas respecto al comportamiento del agua, someterlos a las ideas de los demás, a los distintos puntos de vista sobre las cosas, hacerlos probar y experimentar, construir hipótesis, operar sobre la realidad y abstraer de ella las cualidades tanto de los propios objetos (abstracción empírica) como las que no están en los objetos sino que son construidas por el propio niño (abstracción seudo-empírica y reflexionante) es la mejor manera de ayudar a que construyan las estructuras lógicas que tienen a medio camino y que no les permiten beneficiarse, en este caso, de la enseñanza de la matemática.

Jugar pues, es esencial y no se puede prohibir ni desestimar. Los profesores que prohibieron para siempre el recreo en esa pequeña escuela brasileña seguramente lo hicieron con la idea, absurda por supuesto, de que al dejar a los niños sin ese espacio vital les quedaría solamente la imitación (para seguir con las dos categorías piagetanas), y que sin la posibilidad de jugar en el recreo los niños los imitarían a ellos como profesores, se interesarían por el estudio y se comportarían "bien". Pero nada más lejos de la realidad, nada más desconocedor del desarrollo infantil y nada más irrespetuoso de la dignidad, la esencia y los derechos de los niños.

Del Blog de Susana Frisancho
Desarrollo Humano, Constructivismo y Educación

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