...

viernes, 31 de diciembre de 2010

Cuentos de Navidad

Ebenezer Scrooge es un hombre solitario y enfermo de avaricia, que no celebra nunca la Navidad pues jamás da tregua a su afán de amasar fortuna. Una noche se le aparece el fantasma de un viejo amigo que le anuncia una condena eterna a causa de su mala actitud, a menos que aproveche la oportunidad que le ofrecerán tres espíritus de la Navidad: uno, que le recordará los nobles años de su niñez; otro, que le mostrará cómo la pobreza no impide a la gente celebrar la Navidad con alegría; y el tercero, que le revelará el triste y desgarrador destino de los avaros. Scrooge finalmente se conmueve y arrepiente, volviéndose una persona desprendida y afable. Esta es la historia que nos cuenta Charles Dickens en su célebre Cuento de Navidad publicado en Inglaterra en 1843. En el Perú del 2010, a escasos días de la Navidad y a propósito de los resultados obtenidos por los estudiantes peruanos en la última prueba PISA, hemos tenido la ocasión de escuchar de nuestras autoridades un cuento parecido.
Se nos ha dicho, por ejemplo, que la performance del Perú –que quedó antepenúltimo en una larga lista de 65 países y último entre los 8 países latinoamericanos- demuestra que «la reforma educativa va por el camino correcto y debe continuarse». Más precisamente, se nos ha explicado que tres medidas: la Carrera Pública Magisterial, la capacitación de maestros y la Evaluación Censal de estudiantes, es lo que ha permitido que del 2001 a la fecha –es decir, desde mucho antes que estas tres medidas existiesen- progresemos más que Chile. Por si acaso, Chile quedó en el puesto 44, a seis puestos de Israel y encima de los 8 latinoamericanos. Finalmente, se nos ha advertido que si no vemos estos resultados con optimismo y no se continúa lo que se ha venido haciendo, perderemos todo lo avanzado. Digamos que podríamos terminar peor que un señor Scrooge sordo e indiferente a las advertencias de sus tres duendes.
Declaraciones recientes de Santiago Cueto, reconocido investigador peruano, demuestran que lo más preocupante de estos resultados es que se siguen multiplicando las distancias entre escuelas pobres y no pobres en el Perú: si ya teníamos evidencias del abismo existente entre el rendimiento de los alumnos en las ciudades y el de los que estudian en la zona rural, el más grande de Latinoamérica, PISA muestra ahora que la distancia entre el rendimiento de los estudiantes con mayores y menores ingresos ¡Es la más alta de los 65 países participantes en la prueba! Y esto sin mencionar, como lo ha recordado Hugo Díaz, otro destacado investigador, que las dos terceras partes de adolescentes peruanos examinados no pudo reconocer siquiera la idea principal de un texto ni relacionarlo con ideas o experiencias propias. Cueto ha señalado también que diseñar una política educativa en base a promedios nacionales es esconder esta realidad y soslayar la necesidad de priorizar la inversión allí donde más se necesita.
En este contexto, el llamado al optimismo que se nos hace, una vez más, es una invocación al silencio complaciente y a la inmovilidad. No critiquen, no hablemos de lo malo porque es feo y dejemos las cosas como están. No hablemos, por ejemplo, de los sesgos y límites de una enseñanza de la lectoescritura monótona, desalentadora y vacía de sentido para los niños que inician su escolaridad; tampoco de la matemática mecánica, repetitiva y despojada de razonamiento que se les obliga a aprender; menos aún de la ciencia dogmática y libresca que se enseña, desprovista de experimentación e investigación; menos todavía de la ineficacia de las medidas adoptadas para corregir estos y otros viejos problemas de la escuela pública.
Es Navidad, no hay que ser un amargado como el señor Scrooge y hay que aprender a confiar a ojo cerrado, que si seguimos aumentando cuarenta puntos por década a fuerza de invertir en las escuelas urbanas, en apenas medio siglo alcanzaremos a China, suponiendo, claro está, que ningún país progresará en los próximos 50 años para darle chance al Perú de nivelarse.

Por: Luis Guerrero Ortiz


Vista de Jaén - Perú