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lunes, 20 de septiembre de 2010

El Síndrome del Profesor Quemado

La indisciplina, la falta de interés por aprender y el acoso hacia los maestros por parte de alumnos y padres, conduce al aumento de las bajas por depresión y las jubilaciones anticipadas

Hace tiempo que ser profesor dejó de ser una profesión idílica para convertirse en una de las carreras con más carga de presión y estrés. Y es que más allá de la loable tarea que significa la transmisión de conocimientos los educadores tienen que enfrentarse a la dura realidad de las aulas, donde muchas veces reina la indisciplina, la falta de interés por aprender y el poco o nulo respeto por el maestro.

Esta difícil situación ha dado lugar a la aparición del síndrome del profesor quemado que se constata en el aumento del número de bajas de los maestros debido a la depresión y el estrés y por, sobre todo, al incremento en el número de las jubilaciones anticipadas que se registran en este colectivo.
Francisco Cuadrado, profesor de Sociología de la Educación en la Escuela Universitaria de Magisterio de Zamora, señala que el síndrome del profesor quemado es «algo bastante habitual» que se ve fundamentalmente en la etapa de la educación secundaria aunque también aparece en la de primaria.
El catedrático explica que son diversos los problemas que han generado la aparición de esta situación: «En gran medida se debe al entorno social del alumnado y del propio centro ya que en el interior de las aulas se pueden encontrar alumnos de diferentes niveles, de distintas procedencias y manejar una clase con gente tan variada con los mismos recursos de siempre va minando al profesorado. También es importante destacar que, movidos por un miedo a caer en el autoritarismo, se ha pasado a una situación demasiado relajada en los centros educativos y, por ende, a una falta de respeto hacia el profesor».
En este sentido Cuadrado explica que el papel de los padres y madres de familia «que defienden a los chicos enfrentándose a su vez a los profesores» también ha jugado un papel determinante en la pérdida de autoridad de los docentes. «Aunque resulta contradictorio los padres se han desentendido mucho de la educación de sus hijos pasándosela toda a los centros educativos y sin embargo, tampoco le permiten a los maestros el ejercer su autoridad. Por lo tanto, los chicos se encuentran como en una tierra de nadie, sin un modelo de autoridad ante quien responder. La indisciplina se convierte en una constante y gran parte de la clase el profesor se la pasa tratando de callar y controlar a los alumnos dejando de lado su verdadera labor que es la educar».
Ante este difícil panorama los profesores se encuentran abrumados y muchas veces se sienten incluso desprotegidos. Es por ello que el sindicato de profesores ANPE de Castilla y León puso en marcha hace tres años el servicio de «El Defensor del Profesor» que, de manera anónima, brinda atención psicológica a los educadores que se ven afectados por el deterioro de la convivencia en los centros educativos. Un servicio que en el último año ha atendido siete casos de profesores zamoranos.

Jesús Niño es el psicólogo a cargo de la atención de los docentes que se comunican con el servicio de «El Defensor del Profesor» y, como explica, cada vez son más los profesores que no están a gusto con su trabajo. «El mayor volumen de denuncias que recibimos se deben a problemas de acoso de alumnos y de los padres hacia los profesores, las agresiones, las amenazas de los padres hacia los maestros y las faltas de respeto. Todos estos factores se unen para dar lugar a lo que se conoce como el síndrome del profesor quemado».
El especialista señala que la dificultad que tienen los docentes para ejercer su autoridad se ha convertido en un elemento de desgaste continuo que repercute directamente en su estado. «El profesor deber ser el responsable de poner orden en el aula pero muchas veces no lo consigue en gran medida porque los padres se inmiscuyen demasiado. La familia debe participar en el proceso educativo pero de una manera constructiva, buscando la colaboración con el maestro para lograr el bienestar del alumno y no criticando, ni diciéndole qué es lo que tiene que hacer ni cómo hacerlo».

Desde ANPE sostienen que una de sus reivindicaciones básicas es el reconocimiento de la condición de autoridad pública del docente en el ejercicio de su función. «Pero no confundamos autoridad, con arbitrariedad ni autoritarismo. Estamos hablando de una autoridad moral, intrínseca a la dignidad de la tarea docente, que redunda en el bienestar de los propios alumnos ya que garantiza su derecho a la educación», sostiene Niño.

Incluso, Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, ha declarado que «el tuteo a los profesores es una falta de respeto» y que es necesario que se imponga «disciplina y autoridad» en las aulas del sistema educativo español.

Pero, lo cierto es que mientras que esta reivindicación no se cumpla el panorama que se vive en los centros educativos es bastante complicado. Fermín Casado del ANPE de Zamora reconoce que en sus visitas a los institutos y colegios puede constatar el desencanto en el que se encuentran inmersos muchos profesores. Una situación que se ve agravada por la «falta de apoyo de la administración y de la sociedad» y que se refleja en el incremento de bajas a causa de la depresión y el estrés pero también en las jubilaciones anticipadas.
Las cifras hablan por sí solas. Según los datos proporcionados por el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza (STE) de Zamora en 2009 se prejubilaron 16 profesores de secundaria, 41 de primaria y uno de FP. Una cifra mayor que la registrada en 2008 cuando se acogieron a la jubilación anticipada 36 profesores de primaria y 13 de secundaria. Como explica Ángel Gabriel González, «la frustración de los maestros que viene marcada por el mal comportamiento de los alumnos, la falta de interés por aprender y un aumento de las tareas burocráticas que además dan pocos frutos, es la que ha favorecido que un gran número de profesores se jubilen en cuanto cumplen los 60 años y no esperen a los 65 para dejar de trabajar. Y, si antes era una situación que se vivía especialmente entre los profesores de instituto estamos viendo como en los últimos años son los de primaria los que más se prejubilan». Un dato interesante, por no decir alarmante, que habrá que tener en cuenta.

La situación de los catedráticos en la universidad refleja un panorama diferente
Aunque es cierto que los catedráticos señalan que los alumnos llegan a las aulas universitarias cada vez menos preparados, su malestar no se compara al que sienten sus colegas en los institutos o colegios. «Los universitarios son menos problemáticos y su ansia de conocimiento es bastante mayor que en la secundaria. Es verdad que tienes que estar motivándoles continuamente pero no hasta el punto de decir no aguanto más y me voy», afirma el catedrático de la Escuela Universitaria de Magisterio Francisco Cuadrado.

Por su parte, Rafael Caballero, quien llegó a ocupar el cargo de director de la Escuela Politécnica Superior de Zamora y quien se encuentra ya jubilado, sostiene que «por descontado no me he jubilado por estar quemado. Por el contrario estaba encantado con mi puesto de trabajo y con mi universidad». Incluso va un paso más allá y afirma que «estaba muy contento y satisfecho con los alumnos aunque no todos ellos dieran el rendimiento que yo deseaba y a pesar de que la dedicación de los estudiantes no es todo lo intensa que los profesores quisiéramos sobre todo en algunas formaciones técnicas».

El panorama que se vive, al menos en el Campus Viriato de Zamora, es tan diferente al de los centros educativos que los profesores no suelen jubilarse anticipadamente. «La mayoría cumple los 70 años trabajando y en algunos casos hay incluso quienes han pedido convertirse en profesores eméritos para seguir ejerciendo la docencia por más tiempo», puntualiza Caballero.

Por: ANA MARÍA CAVERO

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