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lunes, 20 de septiembre de 2010

Mentes Creativas en las Escuelas Públicas

Ella nunca se queda conforme con cualquier respuesta. Si no le satisface, volverá a la carga otra vez y te contará con entusiasmo lo que se le ocurrió ese día, por más disparatado que fuese. Los padres de Andrea, por suerte, le tienen paciencia y, además, le admiran esa cualidad de asombrarse ante pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos para los demás. Andrea es curiosa, preguntona y ocurrente, relaciona con mucha facilidad lo que llama su atención con otras situaciones parecidas, para tratar de entenderlas o descubrirles un significado diferente al que parece obvio. Andrea, a sus 10 años, es imaginativa, sensible y con gran sentido del humor, una gran capacidad de concentración y muy perseverante. Es decir, muestra características típicas de los individuos creativos.
El problema es que la mayor parte de niños son así por naturaleza, pero no encuentran en sus escuelas ninguna oportunidad para cultivar y fortalecer esta cualidad. Y creatividad es lo que más falta le hace al país para convertir el crecimiento económico en un puente hacia el desarrollo y no sólo al aumento de la riqueza de una minoría.
En 1993, Howard Gardner, profesor de Harvard, publicó “Mentes Creativas: anatomía de la creatividad”, una de sus investigaciones más notables, después de la que le llevó a formular su teoría sobre las inteligencias múltiples a inicios de los años 80. Se trataba de un estudio sobre la creatividad humana, realizado a partir de un análisis minucioso de la forma de proceder de siete mentes creativas en sus respectivos campos de acción: Sigmund Freud en la psicología, Albert Einstein en la Física, Pablo Picasso en la pintura, Igor Stravinsky en la música, T.S. Eliot en la poesía, Martha Graham en la danza y Mahatma Gandhi en el liderazgo.
Lo importante de esta investigación reside en los tres factores de la producción creativa que deduce: en primer lugar, una persona como Andrea, capaz de asombrarse, de hacerse preguntas y de construir por sí mismo muchas respuestas posibles si no le satisfacen las que le ofrecen. En segundo lugar, un objeto o proyecto que sea de su interés, sobre el que pueda actuar con libertad haciendo uso de los medios y posibilidades que se les brinda a todos o inventando nuevos si lo necesita. En tercer lugar, otras personas de las que pueda recibir ideas, apoyo o motivaciones, pero también con las que pueda discutir e incluso antagonizar.
Si esto es así, ¿Qué destino espera al talento creativo de niños como Andrea en su centro educativo? Para empezar, las escuelas restringen la creatividad al arte. No nos cabe en la cabeza la posibilidad de ser creativos en matemática, física, química, historia, economía, lingüística o filosofía. Luego, ni se nos ocurre que los aprendizajes en esos ámbitos puedan o deban estimular y cultivar la creatividad.
Segundo, a los maestros se les dice insistentemente desde la esfera oficial que lo importante es que sus alumnos lean y hagan las operaciones matemáticas básicas. Lo demás, es lo de menos. Tercero, niños como Andrea suelen incomodar a sus maestros y ser objeto de censura o sanción, porque no se quedan callados, pueden contradecir una afirmación de su profesor, no se conforman con sus respuestas, quieren opinar y no repetir, llegan a conclusiones válidas pero distintas a las que sus profesores esperan, malográndoles el guión de la clase y quitándoles tiempo.
Hay millones de Andreas en las escuelas públicas. Y un país necesitado de dar valor agregado a las materias primas que produce, para ganar posiciones más ventajosas en los mercados internacionales, las necesita con urgencia. Pero hasta hoy, a la política educativa parece bastarle que Andrea sepa sumar y leer.

Por: Luis Guerrero Ortiz



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